Por: Arturo OC

Crecer es difícil, olvidarse de ser niño para convertirse en un adulto  es una transición social  que podría ser la razón por la que la mayoría de las personas no son felices. Cuando eres niño la vida parece ser simple, aunque en realidad ese es el recuerdo que te queda después de darte cuenta que conforme pasan los años la vida se vuelve compleja. Crecer es triste, da miedo, nos hace dudar y creer que en la vida solo se tiene una oportunidad.

Cuando era niño pasaba mucho tiempo jugando, usaba como juguete cualquier objeto que hubiera en mi casa y de hecho, los artículos más delicados me parecían los mejores para crear una fantasía mucho más bella, pues para mí, los juguetes eran versiones caricaturescas de la realidad, lo cual me parecía una tontería porque desde mi punto de vista, la humanidad también era así de delicada, no porque fuera frágil, sino por la manera en la que el hombre es capaz de crear y de comprender el espacio y las maravillas que se pueden construir en él.

Crecer es doloroso, las responsabilidades son mayores y aparentemente nuestra existencia se ve anclada a un solo lugar, a un solo camino o a una sola persona. Nos han enseñado que sólo tenemos una oportunidad, sólo una carrera, una familia y una sola pareja, así que nos olvidamos de jugar, de experimentar, de descubrir cosas nuevas o de entender que lo que queríamos hace un año puede cambiar el siguiente. Llega una edad en la que ser niño es algo que recordamos como la etapa más feliz de nuestra vida y que nunca podremos volver a sentirnos así, porque según la sociedad, tenemos que aprender a ser grandes.

¿Te acuerdas a que jugabas cuando eras niño? Yo sí, y sé que eso es lo que me hacía tan feliz, aun cuando no era el más sociable, siempre dediqué muchas horas a jugar, a construir cosas con mis juguetes, a buscar formas diferentes de jugar con ellos y a experimentar con algunas cosas con las que un niño no debe de jugar, jugaba a ser adulto, a crear cosas para los grandes, a imitar eventos grandiosos o momentos significativos de la historia. Eso es lo que me hacía un niño feliz, no era tan simple, no era tan complicado, sólo era la razón por la que podía divertirme todo el día creyendo en que en algún momento de mi vida podría hacer lo mismo en una escala mayor, para un grupo enorme de gente, para compartir, entretener y dejar que lo que mi cabeza piensa sea parte de la realidad, porque de niño me asombraba todo y para mí eso era vivir.

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Algunas veces vi la vida como si yo fuera un extraterrestre, entendía las cosas como si yo no fuera de aquí, entonces me asombraba más, me interesaba en más cosas y dejaba que el arte y la cultura llenara mi cuerpo de emociones, jugaba con música, imágenes, luces, fuego, agua… jugaba con la naturaleza y dejaba que mis sueños se mezclaran con ella.

Pero crecer es duro, nos enseñaron que las responsabilidades cambian y que en la vida no se puede jugar, que la vida se toma en serio y que la diversión es sólo para nuestro tiempo libre, para los fines de semana o para un par de vacaciones.  Crecer y crecer… Olvidar, dejar nuestra niñez atrás, ser más serio y finalmente madurar.

Yo creo que los niños son los seres más sabios, porque son ellos quienes están más cerca del origen de la existencia, porque de niño eres capaz de pensar en todo y de creer en todo, porque los niños pequeños tienen las sonrisas más grandes y los sueños más increíbles, sus miedos son irreales y el futuro siempre parece brillante, por eso parece que crecer es algo triste.

Convertirse en adulto y actuar de forma madura se convirtió en un camino sin regreso, en un camino de una sola vida, de una sola experiencia en la que la felicidad es el fin y no el camino.

Crecimos y se nos olvidó ser felices porque es temprano y tenemos otro día para jugar, se nos olvidó que tal vez ese día haríamos un amigo nuevo o experimentaríamos algo diferente, se nos olvidó que la felicidad no era un fin sino una constante, la felicidad era vivir y seguir viviendo.

Llegó el tiempo de que te reencuentres con nuevas generaciones, para entender de nuevo tu vida, para recordar a que viniste y darte cuenta de que la tecnología y la nueva realidad está aquí para que hagamos cosas grandes juntos, es tiempo de apagar la televisión y salir a acampar, de conocer un nuevo lugar, de salir solo a un bar y conocer nuevos amigos, de dejar el trabajo que no te gustaba para cumplir tus sueños. Usa las redes, conoce gente diferente y gente que piensa como tu pero que vive en otras partes, conéctate con tus raíces, descubre el planeta, descúbrete a ti, llévate a nuevas experiencias y sensaciones, no tengas miedo de hacer algo diferente o de pensar distinto a los demás, no importa si tienes treinta, cuarenta o sesenta años, deja que la vida vuelva a ser emocionante todos los días y se parte de los cambios y revoluciones, sal a decir lo que piensas y reúnete para crear, porque tenemos que poner atención en lo que nos apasiona y dejar atrás lo que nos da miedo.

Esta es una carta para todos, para creer en que nada es imposible, porque llegamos a este planeta para encontrarnos y reencontrarnos, entender que nada se queda atrás si dejamos que la felicidad nos mueva todos los días hacia adelante.

#Neoexistencia